Aquella mujer tenía las olas del mar caminando por todo su imperfecto tronco, detallando cada anatomía, Sus fanales luceros brillaban tanto que parecían la misma Selene.
Recorriendo cada lugar como si fuese dueña de cada maldita vertebra, cada muslo, cada centímetro de piel haciendo el perfecto conjunto de líneas geométricas, resbalando se sobre dos pares de semi- círculos siendo posible que en este se dibujasen las corrientes de agua color ceniza de las siete pintas de los mares de Oceanía.
Podían admirase los peces del arrecife en aquellas turbias olas, la suave arena recorriendo su interior.

Achlys Vásquez

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