(Charlientius)

¿Y aquel otro señor
que se oponía
– con presencia física
intimidatoria –
a que nos conociéramos?

… ¿Con su continuo
amago de apearse de la
mula – debía de ser
de las de alquiler –
para invitar,
con tranquilos ojos retadores,
al desigual combate…?

¡Qué hombre, Señor,
allí parado,
en un desplante eterno,
ante un toro demasiado manso
y algo reflexivo!

Quiero dejar aquí constancia
escrita de su bravura,
(la del caballero,
no la del toro)
por si llegan otros,
alentados por las mismas
aprensiones delirantes,
a clavarme otra lanza en el pecho
por los derechos y la libertad.