Llega la mañana por mi ventana con un sonido de temple metálico, que se bifurca por las calles de esta espaciosa ciudad. Aquí en el 7° piso, mi vista transita en las primeras emociones y se conmueve hacia las cúpulas de templos claros que campanean en ondulante espectro.
¿Qué sería de esta mañana sin el fino olor del café, que impulsa la música de las ciudades… Y eleva en un gris plomizo a los edificios…?
Salgo por el caos de las calles transitadas a revolver emociones con sabor a tabaco gastado en la garganta, atravesando fríos. Me siento a contemplar la serenidad de la lluvia que se esparce por homogéneo misterio de entre las alamedas; en el agridulce del conturbado ozono que mezcló la tormenta.
La nube fina del humo de mi cigarro que se encendió con el fulgor vespertino en el azufre clarear del día inspiró la bohemia costumbre de un andar tras un frío ópalo y respaldar los bancos de los parques….
Voy a visitar este fin de semana en los campos la fiesta de los cipreses esparcidos en los terrenos ondulantes con sus mágicas bellezas; en verdosa disposición natural.
Otoño, es mi compromiso, quiero encarnar aquí mi alma, cual lo hizo con su espíritu aquel trascendente mirlo negro, al agonizar un día de lluvia, que le lavó hasta su pena mas honda de permanecer oscuro habiendo extasiado de alegría vivificante, como en estos momentos, en los que los troncos secos acostados exhalan el exquisito incienso de la brisa fresca. Pregunto: ¿Qué es la soledad, si mi espíritu se mezcla y juega hasta no saber en cual parte del paisaje anda y recorre las aventuras de hojas secas y las de savia fresca?
Me ha escuchado Dios: Creo sentirlo conversando los silencios y sonidos en las vertientes de la naturaleza. Él se refleja en ella y brota en lo sutil y apasionado.
¡Silencio! Voy a observar y penetrar, en la espesura de hierbas, orgullosamente solitario, estos misterios que no conocen muchos poblados.
Espera… Cuando la tarde acabe, iré fundido con la noche adentrándome en algún bullicioso bar de pueblo a escuchar y canalizar por la espiral de mis sentidos los sonidos ociosos de una guitarra. Pues ella sabe todo lo que yo hoy y siempre me he aventurado revelar.

Fernando Castaño – Buenos Aires 20/02/2001