En el cobre de la tarde final
Flameante en el canto de viento
Del “tordo músico”, humilde en su canela
Quiso confundirse tras del noble
Tono pardo del algarrobo seco de espinas.

¡Cómo explicar el canto!, esencia de la naturaleza
Un deleite de miel con sabor a campo.
Erguido en aquel algarrobo escondido al que le ha
Dolido el día, expresando dulce melancolía.

Esa música que tiene la mística ondulación del día
En la que agoniza la tarde, y se ahoga en la oscuridad.
Además, posee el amor del aroma que esparce el algarrobo
Fluyendo de entre las espinas, hojas secas, ramas, matas…

Voz de armónica, melodía de adiós, orgullo del Dios del viento
Canto variado y flexible. Porque esta hecho de brisa,
que fluye del placer de ser por Dios en la vegetación
Un viento que lo lleva a ser de la tempestad su clarín
Y, luego así una ves más, remonta en su canto la miel de su amor

La humildad del campo, entre canela y pardo
Lo pinto en su nido, el diaguita todavía desconoce al Dios que
Invoca cuando interpreta con su canto la belleza de la zona
Idolatra, izado en la espiral más alta del arte que no alcanzaron
Los hombres.
Paladín de la naturaleza virgen que vio a Adán y todavía se mantiene
En el paraíso que perdió el hombre por cumplir para su orgullo.

El trueno sentenció las penurias de su canto. Para el indio significa
un canto triste porque se esta solo; dulce porque se esta enamorado;
melancólico porque se emprende el desarraigo de forastero;
Pero el Quichua más sabio cree que trasciende porque es eterno
Para las almas que viven de la belleza, y no la mezquinan.

En tierras áridas, campos secos….Vientos ariscos, cerros cerca
Tordo músico, trofeo del campesino que interpreta tus emociones
Fantasía soñada por los antiguos músicos. Por los que se vierten
Los tesoros eternos tras la vida y la muerte que fluye en el río.

Y cuando se está manso el campo. Y el sol cesa su castigo en la sangre
De los mortales y vierte oro, a la tarde triste. Trepa el tordo a su
Antiguo trono destinado a la corona de espina de algarrobo que
Apasiono a Cristo.

Desde la frescura del corazón del árbol gotea lentamente
Algunas gotas de su canto; en apaciguadas y mansas notas
Su música provee mayor regocijo al alma que una dormida
Sombra de árbol. Por allí andará su musa, repartiendo encanto.

Fernando Castaño