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Ya llegué

¿Hay alguien en casa?

La puerta estaba medio abierta, supongo que has salido.
Sacudí mis zapatos para no estropear tu alfombra.
Me quité el sombrero y el abrigo.
He traído mis maletas llenas de cosas viejas
que me es indispensable mostrarte.

Se que te sorprenderá mi presencia,
así como te sorprendió mi ausencia.
Lo siento, tuve que marcharme…
Ya sabes, la vida te agobia,
te llena de alegrías y tristezas.

Algunas veces quieres volar por las montañas mas altas,
algunas veces no puedes ni escalarlas.
Tantas vueltas da esta vida, que por cierto,
no es vida sin tu compañía.

(Me parece extraño el mundo desde que no estás).

Volví a esta casa…
y entre las paredes viejas y el techo
que aún calla nuestros secretos,
debo decirte urgentemente
qué contienen estas maletas.

Pues bien, me complace decirte que
vienen cargadas con nostalgias, recuerdos
y olvidos que aún me duelen.
Una trae lágrimas
de las tantas noches que dediqué a olvidarte.
Otra trae risas
de los momentos que a solas compartimos.

Entre el agitado mundo que pasaba frente a nosotros,
las horas, el reloj que nunca se detuvo…
para nosotros perdía importancia
cuando encontrábamos la cúspide del sentimiento eterno,
imprescindible para vivir.

Entre los escombros de lo que un día fue hermoso,
encontré fotografías de nosotros,
también las he cargado mucho tiempo.
Como ame tu sonrisa cuando me veías venir.
Cuando te contaba algún mal chiste,
siempre te hacía sonreír.

He vuelto de mi viaje…
ahora con paso mas firme y seguro,
no tambaleante ni marchito
como hace un tiempo lo tenia.
Ya camino con la frente en alto y la mirada fría.

Quiero dejar las maletas vacías.
Ya cargue mucho tiempo tanta agonía.
Ahora soy libre, soy yo, soy mas digna, mas valiente.
Le dije adiós a tu recuerdo,
queme tus cartas y fotografías.

Estoy empezando a olvidar tu sonrisa.
Ahora extiendo mis alas,
soy libre y me siento pura, limpia,
como una garza que revolotea entre el viento,
frágil y suave, su blanco cuerpo.

Así soy otra vez, la misma que conociste,
llena de vida, llena de ilusiones.
Aunque ahora tal vez un poco frívola,
un poco ajena, si…
ajena del mundo, de la vida, de la gente.

No me importa cuanto tiempo pase,
quiero vivir en este mundo el tiempo que me queda,
con la paz de una pradera,
escuchando el batir de las ramas entre el viento,
o el correr del agua, río abajo, tropezando en cada piedra.

Y soy yo, la que respira el universo,
la que corre presurosa a la vida,
con la mirada constante y mis maletas vacías.
Ya no llevo equipaje,
voy a volar, voy a vivir,
voy a cantarle a mis días, a los años,
a la vida que es vida todavía.

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