¿Como puedes decir que soy el hombre?, ¿que soy la razón por la cual tu corazón palpita acelerado?, ¿cómo poeta inspirado al ver tus hermosos ojos cafés, plasmando versos sobre tu piel, erizando cada rincón de ella? Más bien soy un pulso herido que muere lentamente, agonizando con una sonrisa sobre mi rostro, prediciendo todo a su paso, como la causa de cada acción tomada en nuestro pasado que nos llevó a nuestro inevitable presente el cual es tan desolado como el polo ártico, el efecto después de la causa me otorgó cierto poder, pero con el venía el miedo al ver cómo nos alejamos, recuerdos de ayeres que disfrute con todas mis fuerzas, significados del amor que no comprendía, descubrimientos efímeros que no sé si se mantengan cuando no estés, sensaciones inefables que tal vez no vuelva a disfrutarlas contigo, imaginando las cosas que no tendremos, que nos disfrutaremos es lo peor de este presente, el cual muestra un futuro resiliente el cual estoy seguro que será bueno, aunque no sé qué tanto. Mientras tanto la melancolía se apodera de mí repitiendo que no era el momento, susurrando que disfrute lo que me hiciste sentir y que agradezca al destino o a la casualidad el haber estrechado nuestros caminos para recorrerlos un momento juntos de la mano, en nuestra burbuja etérea en la cual nos sumergimos en una limerencia fascinante que nos mejoró a ambos y por la cual hoy mis ojos son un poco más tristes de lo normal, porque ya no se pueden reflejar en los tuyos. Ahora solo me resta guardarte entre las lagunas de mi mente cerrando el libro de nuestra vida juntos, aunque éste, aun no esté completo, sino que tiene hojas en blanco. Ahora más que nunca predominan mí, sentimientos encontrados, tengo miedo a olvidar y miedo a recordar. Solo por último quiero puntualizar que te quiero, recuérdalo.

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