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Diez.

Sin tristeza… vaya día de pereza
vaya suerte la de ella,
que pudo abrazar el alba -también el alma-
pudo jugar con las estrellas
también contarlas,
olerlas, y lamerlas,
pudo seducir mis mas grandes miedos,
allí, bien arriba -sin caerse-
ha robado mis días de encontrarme
mis días de liberarme, sin nadie
sin condenas, sin cadenas.
El muchacho que todavía la espera,
se apena,
se llena,
se hiela,
truenan sus mañanas, truenan sus labios,
sus dientes, esperanzados, apenados
sus ojos que buscan encontrarla,
-siquiera él sabe donde-
quizás en el mar, quizás en la sal,
en las hojas, o en una postal.
No consigue, no lo consigue, no lo logra,
no lo intenta
sus pedazos se cansaron de indagar,
en vano, quizás no, quien sabe?
la mano que halla, con la que se topa
tan suave, tan aterciopelada,
en el alba… que alba? en su alma
-destrozada, quebradiza-
se encuentran, se acercan, se ubican, se notan
se despiertan…

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