¡Benditas disensiones!
Favorecían el ingenio
y mantenían la esperanza,
como mínimo,
de una sincera amistad.

Si esto se mirase
con ojos útiles
para sacar provecho
a la cultura, la política,
la religión o las artes
¿quién dejaría escapar
una ocasión así?

Pero como se miran
con ojos adiestrados
a vivir de la apariencia,
no sólo se malogran,
sino que se condenan
con rabiosa saña,
si es preciso intimidando,
para ahogarlas en silencio…