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mares y desasosiegos

El ladrido de un perro huérfano horada la madrugada,
sirenas que alumbran deseos canallas en puerto.
Mientras la niebla cala en mis huesos, bajo tu ventana
dejo anclado el corazon, me juego la piel por un beso.

El vaho de las ventanas esconde vicios carnales,
concupiscencia tardía en lupanares de paso.
Cuando los huraños hombres de mar queman sus naves,
un barco llega a puerto en mitad de la noche.

Las farolas anaranjadas destiñen la realidad,
mientras las olas arrastran los secretos del viento.
Retratos de zozobras que recorren esta ciudad,
descargan en muelles laboriosos mi pensamiento.

Yo fui un niño de esos que sueñan despiertos
con luces de barcos en medio de mares desiertos.
A veces huir era, volver a empezar desde cero,
pisar tierra de nuevo, morder otra vez tu anzuelo.

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