Como viniste a caer en mis brazos,
los ángeles nunca pierden el vuelo,
ni se les mojan las alas.
Como fue que quisiste anidar en
mi pecho si tienes un cielo
eterno por recorrer,
preferiste quedarte con el árbol
de sombra más oscura y fría.

No es de ángeles compartir con
humanos, ni hablarles y menos
besarles, ahora no se si he pecado
o pecaste tú.

Dímelo, tu eres la aparición divina,
aunque me pierda igual en el castigo
eterno.
Como viniste a caer en mis brazos,
abrigarme con un solo beso y decirme,
además, que me amas, y busco en
tu hablar y en tu mirar plácido algo
de mentira y no la encuentro, quiero
encontrar algo que me diga que estoy
equivocado, que no puede ser verdad,
pero me miras y lágrimas azules caen
de tus ojos, que saben a sinceridad,
besos dulces salen de tu boca, que saben
a eternidad y aquietas mi corazón.
Solo te observo, te disfruto, no quiero
preguntar si tienes que marchar, no
quiero ni pensar que seas un sueño,
del que se despierta con ganas de llorar.
Eres más real que mi carencia de fe,
eres tangible, eres de piel, eres el
ángel que vino a mí, para quedarse,
para darme el amor que necesito,
el que he buscado; no temas yo seré
el digno amante de amaneceres y
anocheceres contemplativos, el
que recoja una y otra vez la entrega
de tu amor, como si fuera el último
vuelo de tu plenitud a mi cuerpo,
como si fuera el primer estremecer
de mi cuerpo torpe, en tu celeste
vuelo de mujer perfecta.

Patricio Brito Cosmelli (Andrés de Lua)

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