Volábamos sin rumbo

Aquellos veranos interminables,
llenos de vida, de energía, de emociones,
tardes de sol, alberca y juego.
De miradas inocentes,
que llenaban el sueño en la noche.

Nos enamoramos, cómo dos aves
que vuelan sin rumbo,
sin buscar ningún destino,
sin miedo.

Nos mantenía la alegría,
ese par de sonrisas
que conformaban el círculo perfecto.
Reíamos, vivíamos, soñábamos
del mismo modo.

Nos comíamos el mundo a besos,
un cariño extremo,
un pacto eterno.
Hoy siempre amigos,
lo que en juventud fue,
mi único amor sincero.

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