Valhalla

El espíritu huye galopante,
los estertores de la muerte que se acercan,
la voz opaca,
mutando,
un graznido,
el alma perpleja y eclipsada.
Sus músculos se crispan,
se va deshaciendo la conectividad entre cuerpo y ánima.
Un último aliento puja por la vida,
no vuelve,
Valhalla le espera,
cae más profundo en sí,
la sangre pegajosa pero cálida le da la bienvenida.
Retorna a la tierra su cuerpo,
es del barro,
como en la creencias de la sagrada madre católica,
pero su mente nórdica viaja más allá,
busca el Norte,
y una valquiria toma su mano.

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