Un ciervo para Diana

Sorbimos vino, reímos y fumamos algo.
El tiempo se escapó tan rápido como ese humo.
Mis sábanas te cobijaron un par de noches y te despedí con café.
Pero ahora mismo tu olor sigue acá.
Es un perfume que embriaga. Fuerte,
como a madera quemada…
o tierra mojada después de la tormenta.
Y así se percibe calma, paz.
Una tranquilidad infinita se respira y se siente en el cuerpo,
como hacía años no pasaba.
Diana bajó su arco y aflojó los hombros.
El recuerdo de tu piel relaja y divierte a la vez,
pero ¿cuanto durará esta quietud?

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