Me encanta mirar tu foto, esa en la que sonríes con el alma en los labios. Me gusta recordar cuando me amabas, no por nostalgia, simplemente me gusta mirar cuan feliz eras o al menos cuan feliz te veías.
No sé por qué no he visto esos mismos ojos brillar, esos labios hablar con esa pasión que desbordaba emociones.
No soy egoísta, espero que solo sea yo quien bloquee tus emociones, odiaría saber que perdiste tu cualidad más hermosa. Tu capacidad de sonreír con el alma.
Si solo puedo recordarte, cada minuto en mi cabeza tiene sabor a ti, el retraso de un beso que se quedó en el camino al corazón.
Tantas veces soñé con regresar a los lóbregos caminos que conducen a tu casa para encontrarte en el Umbral esperado mi beso.
Tantas veces soñé con regresar. Regresar a tu recuerdo más no a tu frío presente.
Si sentirte en mi pecho como si fuera ayer es patético, eso lo sé, para ti que vas creando universos en mi mente con sólo hablarme, para ti que con tocarme puedes lograr desarmar mis miedos y elevarme allá donde el Sol y la Luna al fin pueden amarse.
Debe sonar melodramático decirte que te extraño, como el silencio extraña las palabras.
Para ti debe ser ridículo saber que aún sueño verte en ese vestido azul cruzar el patio.
Debe darte risa saber que aún guardo el dibujo que me hiciste. Aquel que hiciste en papel. Pero se grabó en el corazón.
Tal vez la vida es artífice de este terrible juego de sentimientos, si he de quererte el resto de mi vida sin tenerte, acepto el precio de la cuarta parte de mi corazón con tal de no olvidar el color de tus ojos en primavera.
Acepto perder mi capacidad de volver amar con tal de no olvidar el olor de tu cabello. Prefiero tener mi almohada plagada de recuerdos a vivir un presente sin tu amor.
Aún recuerdo el aroma de tu compañía en la cocina, café, galletas, granola… y tú…

Miguel.

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