Travesía y desamparo

Al final, me fui. No me escapé del trago de vagar por otros universos y dejé el rostro de un enamorado piano, una mano y pañuelo en sostenido adiós, sabes, yo entré por el puerto, justo en la orilla oriental del Mediterráneo, coño, el barco, la estela y el destino, ¡qué digo!, el destino nace con uno, y hasta después de muerto lo arrastramos, pero no sé, habría que volver a nacer, pero nunca unomismo, sin embargo, a lo mejor, si te disfrazas, coges otro destino, talvez hasta prestado, pero joder, cuando emigramos, lo primero que metemos en la maleta son tradiciones pues, sin costumbres, nadie reposa, pero la morriña no, locos y ebrios de ilusiones, olvidamos empaquetarla, ¿para qué?, igual que la ineludible noche, ¡las añoranzas vienen solas!

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