Tengo.

Tengo, el cuerpo en alerta. Viendo cómo se aleja, como no he sido capaz de ayudar. Cómo me convierto en pedacitos por no poder tocarlo,
Por no poder mirarlo a los ojos.
Si no se te olvidó el tacto de sus labios en el pasado, no se te olvidará ahora, me digo.
Pero el miedo está ahí, el miedo a perderlo una vez más , el miedo a que no exista ese futuro que tanto ansío.
Echar de menos suena a lluvia y huele a hierba mojada.
Echar de menos se convierte en rutina cuando tocas a la puerta y nadie abre.
De repente donde bajo mis pies había tierra y un lugar donde sostenerme ahora hay vacío , vacío y una línea demasiado fina en la que hacer equilibrios.
Se lo que pasa por su cabeza , sé cuál es su miedo. Pero mientras que yo espero, una parte de mi lo cuida cada noche y le pide a cada 11:11 que se sienta mejor y que vuelva a mirarme , a tocarme a sonreírme.
Quizás egoísmo o quizás simplemente sea alguien que está segura de con quién quiere pasar el futuro venidero.
Tengo, el cuerpo enrabietado y el miedo a flor de piel, pero todo esto desvanece tras cada te quiero.

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