Y ahí te vi, riendo como si no hubiese un mañana, eras un secreto paraíso donde todo se veía con color, luz y magia. Deseaba que seas la melodía de mis letras esa era mi meta. Pero dejaste diez mil recuerdos en mi cabeza, diez mil marcas en mi vida y diez mil sentimientos en mi corazón. Anhelo cada uno de ellos, especialmente cuando nos sentábamos bajo el sol a reír, cuando le pedíamos deseos a las estrellas y cuando nos acostábamos por las noches a mirarnos en silencio. Ahora sólo quedaron esos días donde la lluvia moja las palabras que escribí por vos.