Tú pelaje,
yo calor.
Escucharme vivo.

No comprendo el virar.
Mi ojo viajero, dentro de un río, bajo una piedra, quizá.
Columnas se forman y se derrumben, paro, pólvora mojada.
No hay razón, ni brújula, ni alas, seguimos.

Él no,
y yo tampoco.
Mírame antes.

Arrojas pan, despeñas semillas, pero claro,
no hay nadie que te entienda, y no.
Abres, lanzas, volteas, cierras, nada más.

Tú si, vidrio esponjado.
Pero tú tampoco.
Seamos mañana.

Leves cloqueos en luceros del alba;
Pide merced, tu diezmo justo.