Soledad

La compañera infaltable, la que en cada detalle deja siempre un suspiro. La que calienta tanto el corazón con su frío. Que a veces es luz y a veces tiniebla.
En su manto se tejen las notas más bellas, las palabras más tiernas y también las más tristes, las más crueles. En realidad, jamás he estado solo siempre me ha acompañado ella; en las más largas fiestas y en las más letales ausencias.
Esta noche se viste de gala con un vestido hecho de crueles palabras, tristes momentos y largos silencios. Y me invita a bailar con ella, en su azotea bajo la luna llena. Donde todo se olvida, nada se queda y nada lastima.
Me toma de la mano y sonríe y sonríe aún más levantando los hombros, mirándome fijamente. Y siento que no puedo parar, bailamos toda la noche y me sentí feliz como hace mucho no me sentía.
Hubo lágrimas, risas, coqueteo hubo amor y consuelo, hubo tristeza y amargura; conversamos tanto esa noche, hubo de todo, un abanico indescriptible de sensaciones y sentimientos, lo único que jamás hubo fueron palabras.
De pronto me encontré frente al espejo, ella acariciaba mi rostro y en ese momento, mirando fijamente mi reflejo te recordé, mientras ella me peinaba con momentos ya pasados, te recordé…
Y lloré, y en ese momento me di cuenta que te amaba o tal vez recordé que te amo. Por fin entendí que me sentía perdido porque me aleje de tu mirada, de esos ojos que tienen la luz más hermosa que jamás había visto en mi vida.
Y lloré, y en ese momento todo tuvo sentido en mi vida mis lágrimas borraron las nubes que cegaban mis ojos, se llevaron las hojas mustias de mis preocupaciones y remordimientos.
Y lloré, y me di cuenta que tal vez me fui físicamente pero mi corazón siempre estuvo a tu lado, jamás había llorado de esta forma, no por intensidad, más bien jamás había llorado de una forma tan sincera.
Y lloré, y simplemente me di cuenta que no es el final de la historia; tal vez no lo sé y tal vez tu tampoco, pero sé que Dios no permitirá que nos separemos y cuidara de ti hasta que yo pueda hacerlo por el resto de mi vida.
Ella seco cada una de mis lágrimas sin decir una palabra, solo me miraba como una madre mira a su hijo llorar, me llevo a mi alcoba. Y cuando por fin llegué a mi cama empecé a recordarte nuevamente, como si mi almohada estuviera plagada de tus recuerdos, y ella mi compañera fiel me abrazo y me ayudo a dormir. Y de pronto sentí una gran tristeza, pero ya no era la mía, era de ella, esa fue la noche que mientras me abrazaba. La Soledad… lloró.

Miguel.

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