Sobre tus lomos

Te pones a cuatro patas,
y encima de tu gran espalda,
horas y horas cabalgo,
gozando, tal vez sudando,
con algún que otro espasmo,
hundido, salivando,
de un lado a otro rodando,
pensando, suspirando,
por el cansancio azotado,
por el mañana asustado,
acosado por el pasado,
puedo subir a lo más alto
y quedarme allí un rato,
o soportar el coñazo,
que tampoco es para tanto,
teniéndote a mi lado.

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