Nunca vi más triste el verano que
en aquella mañana de otoño,
cuando el trastocar de tu beso en la mejilla
me dió una despedida sin retorno,

nunca vi más amarga la noche en aquel desolado insomnio,
cuando abrazada a las sombras,
mi vida como un árbol se deshojó poco a poco,
secado el amor, la soledad lo inundó todo.