Sin culpa

Llegó como siempre, sin ganas de hablar, y yo, ansiosa de verlo
comencé a charlar.

Su ceja frucida, sus ojos cansados,
Su cara tendida, sus labios raspados,
me decían a gritos ¡odio estos zapatos!

Sin perder el tiempo comencé
a decirle, pórfavor no empieces
y quita esa cara, ¡Mira mi vestido,
es de lana cara!

Sin decirme nada, bajó la mirada,
sus zapatos rotos, creo le lastimaban,
esa fue su excusa, para no aventarme, la copa de vino que tenia en la cama.

Caminé en silencio, hacía la ventana,
mientras el vestido, me lo acomodaba,
su mirada fija, su rostro sombrío,
su sonrisa tiesa, me dio mucho frio.

Intenté salirme mientras él bebía,
las últimas gotas de esa copa fría,
fingi una sonrisa, tranquila y calmada mientras pretendía no estar asustada.

Mis pies se animaron a dar unos pasos, lamentablemente fue todo un fracaso, antes que pudiera levantar el vuelo, mi cuerpo herido cayo sobre el suelo.

-«No recuerda nada, esta confundida» decía la enfermera, que apretaba fuerte, mi cuerpo helado,
ya casi sin vida.

¿Que fue lo que hice? Gritaba en silencio, mientras observaba el ramo de flores, que me había mandado en
un jarro viejo.

«te amo princesa, no vuelve a pasar» decía la nota, que con tanta rabia, yo quería aventar.

¿Que fue lo que hice?
Volví a repetir,
«-No es suficiente, tienes que seguir,
buscando maneras de hacerlo feliz»
susurró la culpa, cuando de repente me vio sonreir.

La culpa te hiere, te baja, te arrastra,
te lleva al abismo, donde ni tu mismo, puedes escapar.

La culpa te asfixia, te miente en la cara, te tapa los ojos, te quiere cegar, para que no veas, que tienes la fuerza de hacerla temblar.

¡Quedate ahí culpa, en ese rincón!
No voy a escucharte el día de hoy,
tengo todo listo, ¡quiero comenzar,
quiero ver la luna y el sol brillar!

– Magnolia Soledad

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