Me asusta, a decir verdad,
como logras entrar sin avisar,
sin siquiera tocar la puerta,
ni llamar con suavidad,
pues los muros logras derribar
y, al corazón del mar, te vas a avecinar.

Actúas como si supieras de lo que hablas,
como si de verdad te importara,
como si yo pudiera entender esa mente macabra,
como si alguien jamás atravesara aquello de lo que tanto te alabas,
pero no podrás, no lo lograrás,
porque te crees el rey del cuento
y, recuerda que esta novela
la cuento sin aliento.