No quedan palabras sin decir,
no quedan sueños por cumplir,
no quedan pensamientos que definir,
ni momentos por los que vivir.
Las flores no hablan, ni definen,
no sueñan, ni viven.
Ellas no saben que es irse,
no pueden ni quieren huir,
no temen a ningún porvenir.
De flor no tengo nada, señor,
pero dejame vivir cual su par,
dejame en un mundo sin dolor.
Blanco manchado y negro cinguido,
Sin colores para los sentidos.
Que incoherencia la latencia,
de la vida en la tristeza. 

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