Sacrificio

Los fantasmas viven en ruinas,
lloran, también se queman
con el canto de las sirenas.

Se llenan el alma de penas,
soñando ajenas iris
a través de la incesante sombra,
una lejana noche callada,
viendo el mar sin horizonte.

Se drenan en llanto,
disueltos como la brisa,
como las gotas de sol
en los ojos de la poetisa.

Su corazón es crisol de la sacerdotisa,
sacrificio tornasol bajo las estrellas
de la habitación de afrodita,
una rosa de cristal bañada de plata
que la luz de sus ojos marchita.

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