Morada incierta,
turbulencia en la mirada,
pasos en la oscuridad.
Iba y venía sin un rumbo fijo,
no se encauzaba,
desbordada en tristeza y soledad.
Buscaba amparo de la luz,
nada sustituía a la niebla gris en que se alojaba,
vivía porque respirar se le hacía fácil,
la muerte era un descanso que no merecía.
Ultrajada en diferentes maneras,
muñecas rotas,
labios quebrados,
laceraciones en la piel como ríos profundos.
Abyecta,
rechazada de todos,
una historia inconclusa,
pincel roto,
llanto de mil noches,
goce de extraños,
harapos en venta.
Nadie la salvó,
ahora sigue su existencia como un ánima pena.

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