La esperanza utópica de tu regreso, los recuerdos que deambulan por mi cabeza sin rumbo al volver a imaginarte y que pretenden a su vez mostrar de forma impetuosa mi lado más débil, aquel que solo puedes dejar tú al descubierto, al desnudo, dando forma a mis debilidades, a mi debilidad, porque tú siempre has dado forma a esa palabra.

Por más que lo intento a veces, sigo sin encontrar explicación a esa innegable independencia entre tú y lo oscuro, tú y todo aquello que vistiera de negro, o incluso cualquier cosa de color feo o aburrido, porque hasta tu gama de colores escogida al dedillo en nuestro salón representaba lo que eras, de lo que estás hecha, y no es otra cosa que de luz, vida y color.

Cómo no se va a manifestar en mi interior esa impotencia, esa de querer de tí, esa que no me deja dormir en la noche si mi sentir y tu querer se van juntos de la mano, juntos, y por supuesto sin olvidarse de tí y de esas estúpidas cajas de mudanza; No soy capaz de conseguir que aquellos mencionados anteriormente, los sentimientos más puros, regresen en forma de verdad, en forma de autenticidad a mi cabeza insaciable, porque no hay verdad más absoluta que la grandeza de haberte querido, y de quererte todavía. A tí, y no a otra.

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