¿Para que mentir acerca de lo que no se ha vivido? Esto o aquello siempre se podrá hacer. Son cinco días los que han pasado, transcurriendo como los días que son. Balanceándose sobre la tierra, dándole vueltas y haciéndola tornar, su polvo levantándose sobre las bibliotecas. Girando las paginas de los libros en la humedad que ríe la ventana abierta. Los vidrios se llenan de pelusas azules. Los pajarillos huyen de sus filos. Llega el balancín se rasga la cortina. Sus bordes caídos arrugados sobre el suelo se llenan de pecas se obscurecen en las lluvias pasadas. Cambian las luces sobre la estantería los sueños en las portadas cambian sus sombras, el fileteo de cada hoja corta las manos. Tomo el tiempo la tinta desparramandola, haciendo señas triángulos doblados, esquinas torcidas que se volvían firmas.

No será el suspiro de la almohada quien retorne los separadores a sus viejas constelaciones. Son siempre lo que han sabido. Una retonancia que se cuela entre los agujeros de esos circulos que lanzan voces. Mira la cinta como es castaña, se va quemando mientras gira, sus engranajes metidos en esa alcancía plástica, transparente, negra y blanca. Que dice que es para siempre y se rompe. Las líneas ruidosas como las hojas de arce raspando las paredes. Le dolía demasiado como para conseguir algo bien. Estar cansado es distinto a morir. La radio es azul y no entiende después de todo este tiempo porque no ha sido negra. Las escaleras que balancean la altitud de aquella punta. Sigue girando el plástico teñido, su rueda es leída su sonido envuelto en el calor. Recayendo en el abrazo del color, durmiendo en el aire.

Giran las palanquetas los balancines descansan tras haber suplicado. Quedando solos cuál deberían. Cuál se había anhelado, y ahora solos se desfruta su soledad y en ello siguen vacíos. Dar las gracias mientras la puerta redonda se abre hacia arriba. Cantan la tónica aprendida. El buzón espera con su cuello quebrado. La sangre no tiene labios donde posarse. Y la mano vuelve a alejarse, dejando los libros. Quedan desordenados, la cortina suspira, en sus anhelos enmohecida. Y las alas de opacas golondrinas alejan su canto de las ventanas. Estoy afuera.

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