Reina

No te beso en las manos
sino en el cielo, donde están las estrellas y la lluvia.
Ni deseo tocar tu piel sedosa
sino que prefiero escuchar los gritos de tu alma encadenada.
Porque así la oscuridad desaparecerá, y no seré yo una sombra más en tu habitación.

Cuerpos sin sentimientos van en busca de placeres, y lo encuentran, siempre y cuando nadie los vea.
Manos largas que acarician a la diosa lasciva y ella se agita entre explosiones de volcanes y tormentas de arena con truenos.

Al final hay olas que giran en proporción áurea y una rosa que da vueltas mientras crece.
La mujer ve los barcos ser tragados por el enojado mar, y se lamenta de que su pueblo sea quemado. Un bebé y un marido sirven para calmar el vacío de la vida.

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¿Qué somos sino momentos? Instantes efímeros de gozo que nos hacen cerrar los ojos. Besos a escondidas que quisiéramos perpetuos, aunque más pronto que tarde…

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