¿ Recuerdas el espigón de las noches
que nos hacía sentirnos tan únicos?
Absortos en el misterio del amor,
olvidados del mundo por un instante
con sabor a lo eterno.
De todos aquellos astros estivales
tu resplandor era el más fulgente.
Y yo junto a tu cuerpo
te musitaba que te amaría más allá de mi muerte.
Entonces aún no estaban ellos.
Pero su llegada fue la certidumbre
pues fue verdad lo que la noche
nos reveló de nuestra entrega.
Si ahora ya, como ruinas,
queremos dejar lo que nos une,
ciegos por las pruebas de la vida,
no digamos que no nos amamos.
Digamos que es el espigón el que nos olvida.