Tardes anaranjadas del campo,
aprieta el calor y abrasa con dureza,
encendiéndose todo pensamiento,
que me lleva hasta ti,
reclamando con firmeza,
cuanto de ti y tu ser me llena.

Reclamo una mirada, un gesto, un beso,
que se concediera,
color naranja de este atardecer,
que quema,
que recuerda,
cuanto de ti extraño y anhelo en este,
mi desconsuelo,
mi quimera,
mi tierna y dulce condena.

Reclamo tu presencia, tus palabras,
tu poema
que se concediera,
para mí,
que siempre ando a tu vera.

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