¡Quince!

Un cepillo unido a un palo,
finas ramas a un cayado,
tubo de metal forrado,
con un plástico coloreado.
Descansa sobre un gancho,
culebrillas colgando.
Así se pasan el rato,
gritando, callando, hablando,
esperando su turno,
para ir a hacer lo suyo,
comerse el polvo sucio,
dejar el suelo impoluto.
Son de picar entre horas,
alguna araña devoran,
y puestas y desatadas,
algún mosquito espantan,
a algún pilluelo amenazan,
y en grande se lo pasan,
de alegría bailan y cantan.
Barrerían los problemas,
si dependiese de ellas.
Mueven manos ajenas,
el palo encima de ellas,
los hilos que sujetan,
a las pobres marionetas.
Poco más que un par de manos,
bastan para hacer la faena,
y unas cuantas buenas ideas.

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……. en ésta hora precisa, de silencios vivos….., que pesan como días huérfanos y caen como hojas marchitas………, una caricia pronta, desliza su huella húmeda por tu cuello, y la luz de tus ojos se pierden en sus ojos, casi divinos………. ……… la púrpura luz de éste instante, se desvanece apenas sobre tu piel……………., éste silencio engañoso fenece con tu risa…….., y una hojarasca de voces agradan a tu oído, y al suyo…….., y unas manos que a acariciar proceden………. …….. pasan horas caducas……., tardes de domingo, donde el amor convida al amor definitivo………

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