Que vaina, escuchaba y no veía.

Buenos días! Escuché asombrado,
Porque cerca de mi nadie había,
En otro momento me habría hasta asustado,
Porque ni para mi sombra espacio había.

Buenos días! Escuché otra vez,
Del asombro al miedo había solo un paso,
Porque esta vez sí me asusté,
Porque, a alguien escuchaba pero no veía, este era el caso.

Y nada ni nadie a quien preguntar,
Ya que ni mi sombra presente estaba,
Les quiero recordar
Que para mí sombra, espacio no sobraba.

Que vaina, buenos días!, volvieron a repetir,
Ya yo ni me hallaba,
Escuchando lo que no quería oír
Buscaba lo que no había, una puerta, una aldaba.

Y en medio de tanta algarabía,
-silencio- solo dos palabras yo escuchaba,
Buenos días! Esa era mi sintonía,
Que a toda mi mente ya ocupaba.

Buenos días!, se repetía,
Buenos días! Yo escuchaba,
Buenos días y no veía,
Quién era quien lo pronunciaba.

Buenos días!
La sombra, la puerta, la aldaba,
Atisbo…buenos días!
Quién sería el que hablaba…?

Escuchaba y no veía,
He ahí el dilema,
He ahí el tema de mi poesía,
Que no me deja desenredar esta lírica madeja.

Escuchaba y no veía,
Ver y no escuchar quisiera,
Para que la sombra me hiciera compañía
Y tal vez así, la realidad yo vería.

Buenos días!
Que vaina, ja, ja, ja, ja…
Al fin recordé,
Que a mi interlocutor no vería,
Ja, ja, ja, ja…
Porque…el ciego siempre escucha pero no ve…!

Rafael Puello
Barranquilla – Colombia

Related Articles

Responses