Qué delicia,
mi dulce inspiradora,
mi Angélica querida,
recuperar el lenguaje
contigo!…

¿Que me he hecho
esperar?
No por gusto,
créeme.

Y además,
recibida la atención
solicitada
(¿debería decir
exigida?),
ahora eres tú
quien, (perpleja
del efecto
de tu iniciativa)
se toma con calma
su tiempo

Es normal:
¿Quién se
acostumbra a
estos altibajos
-deliciosos unas veces,
aterradores otras-
que impone
el amor?

Rezo por ti
y te encomiendo
a la Virgen Santa,
que sabrá cómo
sacar provecho
a esta amistad nuestra…

Te manda salud,
en fin,
y un fuerte abrazo,
Feliciano Pilcasulca