Puppet.

El destino infeliz es un pasado que soñé,
un futuro igual a ayer.
¿No es así, vida?…

Tu voz que arrulló mi nombre al dormir
resuena junto a mí.
Ya soy mayor, vida.

Solamente canto rimas
disfrazando el tenue color.
Mi negro corazón, tersa piel de arroz.
Soy Káiser de los que ya no hay.
Tú deseas que yo cante,
y yo canto muy dentro de ti.
Un muñeco para ti.

No me importan los demás, solo el neurótico placer
que en tu recámara volveremos a tener.
El castillo que esbocé fue fuerte ganador,
tiene un bello jardín para tus “juguetes”.

Cada pantomima triste me vuelve más provocador.
Nada le diré al tonto de papá, pero comparto el mismo Sol.
Tú quieres que me desnude, frente a ti me desnudaré.
Me reiré de su dolor.

Tu muñeco infantil, creado de satín,
con gusto aceptará poderte satisfacer.
Tu muñeco aunará victoria, hazaña y virtud,
por ti y en ti,
mirando a un tétrico corredor.

Solamente canto rimas y complazco tu baja pasión.
Ábaco de horror, cuento, narrador y
Káiser de los que ya no hay.
Tú pides que no me marche, a tu lado yo me quedaré.
Tu muñeco siempre seré.

—Progenitora angelical, faltó a la Ley de Dios,
otro muñeco de satín de ella va a nacer—.
Ella quiere que salga de ahí sin decir ya nada más.
Papá, soy el Papá.

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