Una tarde
tres nubes
surcaron
mi frente
como navíos
perdidos
en la mar
oscura,
solos
a su suerte
ante el
atisbo
aciago
de tormenta.

Tarde de
funestos
heraldos
osando
presagios
sobre los
destinos
ajenos.

Navíos
sin rumbo
fijo
a la mitad
del mundo,
sin saber
que son un
callado
presagio
de lluvia
arrasante
que aleja
todo,
incluso
el último
rastro
que queda
de ti.

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