Por Helena, su guerra y su rostro dorio.
Por la eximia Odisea en nombre de Penélope,
La que dejó al tuerto también miope
Y engendró un sudario apoteósico.

Por Safo y algunos áureos estros en Lesbos.
Por las compañeras de Apolo que son nonas y una.
Por las pretéritas, mártires niñas púnicas
Y las boyantes niñas romanas arrojando triunfales lauros.

Por el sacrificio amarillo de Sofía Marmeládova
Y por el juramento entre el ladrón y Fantina,
Que medró la victoriosa y tricolor flor de hoja.

Por Mott y Tristan, que, sin saberlo,
Fueron dos y fueron todas las mujeres
Y, como Dickinson, ansiaban ver a través del velo.

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