Por el amor de Dios

Dámelo todo, no me juzgues indigno,
No digas «hizo lo que quizo»,
Más bien entiende que tú conoces
El camino, conoces las respuestas
A mis preguntas.

No andes por ahí diciendo que no valgo
La pena; yo nunca he negado que seas lo más bello, pero sigues haciéndome sentir tan pequeño, como si mis pensamientos
No valieran nada.

Dile entonces a tu sabiduría, ¿qué falta para que yo pueda entender, para que no vuelva a pecar, para que así sea todo como debe ser, como tú quieres?

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