La casa de placer

Y murió. El asesino le disparó y entonces don Manuel atravesó la calle húmeda, el asesino lo perseguía porque don Manuel era el delator. Manuel Salió a la calle corriendo. Manuel vio la sangre y sintió un ruido, entonces supo que lo esperaban para matarlo. Había mucha sangre en la casa porque el asesino había matado al perro; apuñaló al perro, que lo había mordido, mientras buscaba al delator. Cuando el asesino entró a la casa de don Manuel, vió que el perro se acercaba rápidamente a atacarlo. El asesino entró a la casa de Manuel pues la puerta estaba abierta. El asesino recibió el dinero de ella para asesinar a Manuel. Dona Inés le pagó al asesino para acabar con la Vida de Don Manuel, el delator. El asesino de la calle seis usaba cuchillo o revolver según la dificultad del caso. Don Javier le dijo a ella que lo encontraría en la calle seis. Ella le pidió a don Javier que le contará dónde podía encontrar a alguien capaz de asesinar. Ella llegó donde su viejo amigo, don Javier, para pedirle un grande favor. Dona Ines tenía que pagarle a algún delincuente que acabara con la vida de don Manuel. Entonces don Javier le dijo a ella quien era el delator: don Manuel. La policía había allanado el lugar y habían muchos hombres fumando opio y mujeres que vendían su cuerpo. Entonces un hombre llamado don Manuel delató a Doña Ines porque era un hombre religioso que sentía el deber de ayudar a su comunidad. Alguien había contado a la policía acerca de la casa de placer y Dona Ines no lo sabía. Doña Ines era dueña de la casa del placer en la calle cuarta y muchos hombres asistían a gastar su dinero en mujeres que vendían su cuerpo. El barrio negro de la ciudad era un buen lugar para la casa de placer de dona Ines. Había una ciudad de Europa en donde una mujer era dueña de una casa donde las mujeres se vendían por dinero. Esta es una historia real.

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