Pedir a Dios la verdad quiero

Pide algo, di: «quiero estar soñando una muerte dantesca». Teatro del absurdo, odio aquel muro de lamentos. Soy tan absurdo que siento estallar en fuego. El calor del incendio eterno lo llevo siempre adentro, alguien comanda las tinieblas infinitas; fallezco intentando alcanzar la verdad, pero soy el diablo. Tengo un presentimiento de morir combatiendo al bello rostro de Dios. Veo el lejano ganador acercarse, a nadie dejó sin poder. Tiene el rostro adornado con cicatrices de tanto sufrir y pensar. He sido un idiota: he alcanzado la gracia de amar un ser que tiene iguales virtudes. Olvidaré la luna y nadaré tan adentro del oceano que nadie en la tierra tendrá interés en conocerme. Respiraré bajo el agua como el Leviatán. En el corazón del infierno estaré luchando con demonios que anhelan tener los cielos. Hay tantos y tan fuertes, que son un triste pero asombroso pensamiento. Algunos dirán de ellos: «consumen carne sagrada del amor, deberían irse a perderse en remolinos donde no puedan hacer daño». Un estruendo se siente, rápidas alas se oyen furiosas; energía con sangre acumulada. Son como perfectos árboles. Mientras buscan incendiar el edén, nuevas voces se pronuncian tratando de rescatar los hijos perdidos del Señor. Dime, ¿cuándo alcanzarás el amor? Mueres todos los días llorando, tratando de sentir aquello que nadie ofrece. Sólo obtendrás la fuerza dejando que sueñen… los niños. No nos debemos creer juguetes del destino: comprender, amar y esforzarse es la razón de tu existencia; lo demás es tinieblas, sufrimiento y desesperación. Tienes la capacidad de vivir con y sin los imbéciles hermanos. Algunos no saben del amor, aunque otros han muerto esperando encontrarlo.

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