Encontraste la manera de callarme
siempre con tus fríos e insaciables besos.
Devuélvemelos aquellos
y devuélveme la vida entera.
Porque hasta el día de hoy te estoy rindiendo cuentas.

A este cansino paso,
la factura me saldrá a más de un millón de fardos,
esos que en esta vida se canjean
como todo ese amar completamente en vano.
Lamentablemente,
no podría pedirte ya prestado.
No más.

Y siempre que,
piso esos suelos en los que te conocí,
me acuerdo de ti y tu risa infantil.
Y vez que,
salgo a la calle de esta maldita ciudad,
deseo encontrarte
o escuchar tu dulce nombre desde las nubes cantar.
Y en el momento que,
siento frío alrededor de mi cuerpo,
recuerdo cuando tus brazos
me acogían entrelazados con los míos.

Inútil es pensarlo,
nos dejamos ambos, ¿no es así?
El amor entre nosotros se fue marchitando
y fue tiernamente reemplazado.
Mejor fue aún para mí,
encontré la felicidad en otros brazos,
en otros labios, en otras manos,
pero,
mi mente es adicta a tu dichosa melancolía,
adicta a pensarte cada día,
adicta a pensarte en el momento menos indicado,
recordando que,
en tiempos de guerra,
siempre estuviste tú a mi lado.
Recordando eso que ya ha pasado,
omitiendo el hecho de que hemos cambiado.

Nos buscamos de vez en cuando,
claro está.
El pensamiento a veces nace repentino en nuestro ser,
pero,
lo asumes con tanta madurez que me asusta,
soy tan soñadora que me hace añicos tu respuesta.
Aún así,
no viste todo el daño que significaste para mí.
No viste lo partida que me dejaste al salir.
No viste como lloré tu ida, como me alegré con tu regreso.
No viste lo contenta que me ponía al recordar tus besos.
No viste cuando mi corazón se partía.
No viste lo celosa que me ponía.
No viste el daño aquel grande que me hería.
No viste a mis labios diciendo adiós,
y tampoco me viste a mí pidiéndote perdón.
Lo siento.

Barato y mundano
Era mi amor comparado con el tuyo.
No podía imaginar lo mucho que me pensabas,
Justo tal y como cuando yo esperaba
Al alba para poderte escribir.
Mis sueños siempre se alocaban al escuchar el amanecer.
Inalcanzable te sentía como lo puedes ver.
No pensaría nunca en lo que en un cerrar de ojos pudimos ser.

Cristo ten piedad..
Rugen mis sesos en sincronía con el mar.
Inmunda aquella manera en la que te traté,
Si pudiera rebobinar mi vida entera lo haría sin dudas por ti.
Temía cada puesta de sol,
O cada regreso de la luna, porque,
Bien me habían dicho que podías cautivar miradas.
Ansiaba entonces siempre el momento brillante en el que te encontrara.
La Tierra, según yo, se paralizaba cuando eso pasaba.

Me carcome el alma
El pensarte en cada boche.
Naranja se tornan mis días,
En blanco se pintan mis noches.
Sodalita en bruto fue esa semana la que nos tuvimos.
Especial, cálida, festiva,
Sí! y mi mente muy niña no podría agregar alguna otra calificativa.

Precioso el viento de plata que cantaba esa tarde que nos vimos,
Enaltecía las veces que me hiciste sentir viva.
Románticas incluso me parecían las veredas que
Engrandecían nuestro ya muy enorme amor en veda.
Ingratamente no vi tu tristeza ahora que lo pienso, colega mío,
Recóndita las llagas que te hice,
Armoniosas esas lágrimas de cristal que caían por tu cuarzo de piel.

Que sepas bien
que yo me olvidé de olvidarte.