PACHUCA
Por: Marisol Enriquez Pérez

Pachuca, sonrisas esparcidas por el viento,
te recuerdo al instante y estando presente,
contemplo la colosal tranquilidad de tu gente,
su ir y venir sin prisa y sin aspaviento.

Eres una joya enclavada en montes,
con tus vertientes subterráneas de plata y oro.
En tu ciudad existen hombres y mujeres
con júbilo y esperanza, por eso te adoro.

En tus túneles se encuentran sepultados
sufrimientos y recuerdos de los antecesores;
destellos de luces, de colores y sombras.

Interrumpe mi visión la vida moderna,
entre verdes ilusiones y blancas promesas,
lapsos de alegrías, encuentros y despedidas.