Por las agonizantes miradas
y los últimos susurros,
me anclo al horizonte
como llamando a gritos mudos.

Hace siglos los naranjos se han quedado olvidados,
también las cosechas, los aromas, el vigor y el verde prado.
Pudiste haber sido más cruel si un buen recuerdo me hubieses dado,
y ahora camino con el tiempo, con el peso y con los años.

Suave brisa que recorre ásperas escenas en mi rostro,
fría agua que has mojado los desiertos en mis ojos.
Dolor y bocanada, al unísono, me desconcierta,
perdón y esperanza, como nada, me remedia.

Nunca atravesé ese umbral, aunque quise exponerme,
nunca supe que es amar, nunca supe aunque quisiese,
nunca me ardió tanto la piel, como al tocarte y no sentirte,
nunca pude galopar las praderas muertas que me diste.