Nosotros en otro momento, en otro lugar, en otra compañía. Nosotros siendo otros, sintiendo diferente. La misma piel pero sin arrugas. Los mismos sonidos pero con otro filtro. Idénticos  ojos pero diferente graduación.  Menos sabios, si, pero con el entusiasmo que conmueve al cornudo enamorado antes de sentir, oír y ver lo inexorable: El futuro en cuyos ojos ya no encontrarás al adultero pasado que te besaba la piel y te acariciaba los labios.

Tal es la sensación de vértigo, que ilusos negamos la evidencia hasta que, con la derrota del que confirma un mal presentimiento, nos inunda como la marea que sube cada atardecer.

Es entonces cuando,
Guiamos nuestros pensamientos, deliberadamente los manipulamos, para que la ecuación de la imagen que nos devuelve el cristal despeje el resultado que queríamos obtener. Para que los daños hayan sido colaterales. Así, nos permitimos cerrar los ojos y abandonarnos de nuevo al presente infiel.