Abrigo nidos en los horizontes de tus brazos,
Tener al frente los vidrios cálidos de la luna
Salpicando al fuego de mis suspiros en barcos,
Si te vas lejana, si algún tren en su vientre te Aleja,
Brillaran sonrisas eternas en brisas de estrellas,
En caminos de nieve abismos protegen tus rastros,
No soy Neruda pero mis versos colgarán en tu cuello.

No hay día que ni cabalgue en tus senos
Y reme en tus ojos el candelabro de la primavera,
En una nube tu cuerpo se apodera de las rosas,
En pétalos de aguas agatas a tu sonrisa en castillos,
En sábanas de palmeras enterramos secretos de luna,
Del Rocío a las dunas de fuego besos nocturnos de colmenas
Vuelven a los pañuelos de mis rimas a tus mejillas

Almohadas adoloridas sumergidas ignotas en tu piel,
En las playas sonambulas de gaviotas giro a tus dedos
Para aromar sombreros en noviazgos de anhelos de lira,
Coloque en tu cuarto estrellas una tarde de mayo, ¿recuerdas?
Miel en tu paladar en sombras de veleros entre celos,
Trinar en algodón de primaveras de primitivas almendras,
Vestiduras de golondrinas a tus altares de luz en ramajes.

No soy Neruda pero derramó centellas en copas de versos
Como hojas de vientos a los prados de tu cuerpo,
Amanecen los pinos desenredados en tus loca cabellera,
Huyen los pájaros a los espejos de tu vientre de lis,
capullos de cristal en frases de manantial presumian las mañanas,
Un río, un arcoiris sentados en tu espalda escribiendo mis sueños,
Albergues de duelos se opacaron en las nostalgias del ocaso

Remolinos sentados en los límites de arroyos de plata,
Duermo en tus noches cuya alba recita errores en lágrimas,
Lirios en horas fugaces envueltas en sorpresas de promesas,
Cual ave en surcos de las cataratas del mar en tus almohadas,
Te amo aquí como un puente de Nirvana a caballo en potreros,
Me ametrallo el alma para obtener los faroles de tu océano,
Ensortijado aroma vuela junto a aves de urañas fuentes melódicas

En vagones de estrellas despierto a callejones empedernidos
Que orientan constelaciones del domingo entre obscuros candiles,
Un llanto al llano llamo a alondra triste en alguna extraña pesadilla,
Soplan las primaveras sus sueños al lecho del invierno entre rezos,
Son las gaviotas en un claro pañuelo de fuego anclando en tus puertos,
Emigran las velas al alba en lamentos de hojas pérdidas al universo,
Era una carretera en la cima de tu ingle en gritos de ecos eternos

Narcisos suspiraban en tus puertas, en tus ventanas de París,
Y, alegraban himnos en los lagos encajados cálidos en tu cuello,
Botones a tus oídos en torres de fragancias en mis anhelos de brújulas,
¡Vuelvo a tus sábanas tibias donde despierta el maizal!
Ora del sendero pensativo que arremete Paz en sombreros de algodón,
El crepúsculo se enciende en tu cuarto como antorcha triste de agosto,
Se ahogan los ciervos entre corrientes del bravío cascajal.

Vibra la lira en altares de liebre susurrando en lis sonámbula,
Brasas en tus ojos, brasas en los horizontes de tu pecho,
Labriego en sigilo de cornisa en balcón de uva bajo sombras,
Montañas en rosas de alfombras murmuraban a la aurora y al alba,
Rezando en tambores inclino mis huellas a tu lecho de las mariposas de marzo,
Voces del domingo en vino al nidar alud tiritando en la madrugada,
Te veo brillante en las colinas de sendas caliza de terciopelo.

No soy Neruda, pero respiro de tus playas poemas de amor,
Libélulas compiten al campanario en ecos de luceros plegados en los prados,
Lámparas en hierbas descansan aflorando oasis en semillas inertes de sol,
Recito la nieve en cántaros suplicando a tu tornado de pastizal,
En dudas de arenas reflejaban espinas del limbo nocturno,
Humedad de girasol revive incómoda como visitando cerezos de enero,
Volcanes saltando entre sortijas de rayos que irradian cenizas crisálidas.

Violentos carruajes en la vía hacia el arco iris se dirigen,
Huyendo en sombras de amapolas descansan adoloridas las luciérnagas en huracanes,
Blancas estrellas decoran al escalar tu vientre de azucena entre tejados,
Morfina en las olas del mar tatúan al azar colmenas de siniestras risas,
Como el humo al horizonte los trenes enterrados en la maleza avanzan,
Tus obscuras pestañas un fúnebre manto de la noche; tacitas de colibrí,
Tu cuerpo una oración sagrada sentada en una banqueta entre las montañas.

ISAAC FALEN