No me rendire aunque los días ardan, aunque la herida queme, jamás renunciare, perdido me encuentro, pero la rabia de vivir, llorar, amar aun me alimentan, no importa el levantarse si no mantenerse en pie ante todo, son estos los momentos que nos alientan, hay que dar paz al sueño, a la derrota, engendrar los puños en la ligera quimera de la vida, se han callado los juramentos pero la promesa de un volveré nunca se apagará, cada día dejo una flor en la mesa, después de terminar la guerra de los días, se desarma mi corazón, me quito las nubes del alma y me preparo para volver a florecer cada día que me espera.

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