En la oquedad de mi vida,
en la convexidad de toda
tu juventud, vienen los
sueños para jugar con mis
elementales actitudes
de soñador empedernido.

Ni mis manos, ni mi vida
podrán reflejar los pájaros
nuevos que coronan tu
belleza, esa es cierta, esa
no necesita artilugios de
encantamientos, es real,
como las mariposas en
mis violetas, o las palabras
escritas en pedernales.

Ya no soy el benjamín de
Raquel, más bien soy el
longevo de tu mocedad.
¿Eso debiera impedir que
te ame?
mi razón toda, dice que no.
¿Eso debiera impedir que
me ames?
Mis sueños, los más locos,
me dicen que no.

Andrés de Lua.