No le temo a la muerte

No le temo a la muerte, ni mucho menos al olvido,
aunque me calcine la yugular del alma.
No se a que le teme la gente, que veo rostros de angustia, de mutismos, pálidos con hambre de felicidad, esta vez encenderé un cigarrillo en la niebla occisa,
se me pudren las manos de no tocarte, aun que me quedan los restos de tu amor prosaico, sin alguna belleza envuelta en metáfora, se que tu amor venidero solo fue una ilusión póstuma.
Soy yo aquel el que vaga, se destruye en la vida, salgo al trabajo,
a la rutina de mi corazón ensayado, con el llanto de una piedra y llego al final del día a casa, derrotado, consumido como una ostia de sangre, no le temo a los manicomios quisiera estar en uno de ellos, hay mas locos en las calles mundicias que adentro de los manicomios. No se la angustia perecedera que me habita, estoy jugando ya lo se con el juego de la vida, nombre de Dios en la ribera del llanto masacrado, esperanza descalabrada donde yo habito sin medida, ni prejuicio, que mal sabe la vida cuando no tienes labios donde encarnar, ni mucho menos unos brazos donde descansar, derramarte y levantarte al siguiente día
como si nada hubiera empezado.

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