No espero a que surjas.

A veces, no espero a que surjas
sé encontrarte en el silencio de mis mañanas.
Puedo sentirte en la sombra amable
de viejos olmos verdes
en las riberas de mi alma.
Te enciendes en mi pensamiento
apareces en la quietud del alba.
El azul de mi cielo se hace más intenso
llenas de luz todas mis estancias.
Intentó dar forma a tu acercamiento
visto las imágenes con palabras.
Me haces más grande, me ensanchó
para cobijar todo lo que me regalas.
Sólo puedo centrarme en tu presencia
olvidó a los poetas que me hablaban.
Me empapó de tu imagen sin fragancia
ordeno los recuerdos en estanterías blancas.
Paseo contigo el tiempo necesario
entre adelfas rosas, juncos y cañas.
No pienso que sean ilusiones
que el agua que me salpicas sea falsa.
Y cuando las imágenes que trajiste
quedan, de nuevo, ordenadas
voy saliendo de bendito trance
y siento escalofríos en la espalda.
Respiro profundo y suspiro
te vas desvaneciendo callada.
Vuelvo a esperar que otro día
me traigas parecida mañana
me regales nuevos recuerdos
que decoren mis nuevos albas.

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