Esta extraña neblina,
Neblina azul,
Ha estado siempre y siempre estará.
Intoxica el aire y marea a la gente,
Debilita y empalidece.
Algunos no lo saben, otros no lo quieren ver.
Aun pueda que nadie sepa qué es…
Pero yo lo sé,
Yo lo sé.

No… no aprendo, no me adapto.
¿Irá algo mal en mí?
Es verdad, les digo.
Mi corazón agrietado está,
Su esencia se derramó
y mucha consiguió escapar:
Se regó por todo mi ser.
Ahora fluye sin control,
Una sobredosis
Que me anestesia cada vez.

Gris y ausente mi alma ahora es.
Y los colores del árbol y del mar,
De tus labios y del girasol,
Se fueron con ella, también.
Pero así está bien,
Así está bien.

Todos los días, en alguna parte,
Los marginados lloran.
Lloran porque no quieren reír,
Lloran porque no quieren saltar ni gritar,
Lloran porque no quieren sufrir,
Lloran inundados de azul:
De neblina azul.
Atrapados en su paradójica celda de cristal,
Beben y se embriagan de lo abstracto
Que sólo los adormece más y más.
Como duna de un desierto,
Algún día el viento nos arrullará.

Y si alguna vez deseas tú
Cantarnos una nana
a mi maltrecho corazón
y a mi espíritu de lana y de papel,
Te advierto que has de estar
decepcionada también.
Porque de lo contrario no podré oírte,
No podré comprender.

Ven, que aquí estoy
En esta laguna láctea.
Ven, poetisa del dolor,
Aquí donde su olor no llega,
Ese pálido y azul hedor,
Y báñate en ella, en su mística espesura.
Que su belleza anime tus sentidos.
Te aguardan mi voz, mi tacto y mi oído.
Ven, y sumerjámonos juntos.
Ven, que no hay nada que hacer.